"Hagamos lo que Hagamos Somos Mujeres de Negocios"

En una junta de padres de familia en la escuela de mi hija,  nos poníamos de acuerdo para la realización del a kermés de la misma para la recaudación de fondos y una mamá decía ¡solo somos mamás y no mujeres de negocios!, no podemos llevar las cuentas del evento en cuestión.


Las mujeres hagamos lo que hagamos somos mujeres de negocio, en casa  planeamos que haremos día con día, hacemos un presupuesto, para comprar en el súper, pago de colegiaturas, gasto diario, cuanto tenemos para el gasto, para que nos alcanza, negociamos en el mercado, “¿en cuánto lo menos?”, comparamos precios, en donde esta más barato tal o cual cosa, hacemos logística, cuando recogemos a los hijos, los llevamos a actividades extraescolares, la tarea en equipo en casa del amigo, pasar a la papelería por material para la tarea, la tintorería, el dentista, etc., todo el tiempo estamos planeando, organizando, dirigiendo y controlando las actividades del hogar.

En la conquista la mujer jugo un papel importante, llegaban a los países conquistados hacer negocio implementando sus conocimientos en la cocina y panadería para hacer empanadas y comida para vender a los españoles y de ese modo hacer algo de dinero para sobrevivir comprando con la venta de empanadas y pastelillos lo necesario para su consumo personal. Isabel Allende en su libro Inés del Alma Mía da un ejemplo de ello.

En los Estados Unidos en la fiebre de oro cuando llegaban a colonizar nuevos lugares por el rumor que había oro, las mujeres que viajaban con ellos ponían sus negocios de comida para los buscadores de oro, así como servicios de lavar ropa y otros.

A través de otros relatos de viajeros, importantes fuentes, la mujer no fue esa figura pasiva, indolente y subordinada a la dominación masculina. La mujer tuvo participación en la producción económica, ejerció roles de jefe de familia y de negocios, dirigió las tareas domésticas, y también fue responsable principal de la práctica de una vida religiosa en el mundo rural.

La economía de la campiña reservó espacio para la fuerza de trabajo femenil, principalmente respecto a las mujeres de los estratos sociales inferiores. Al vivir en concubinato con los soldados, laboraban como cocineras y lavanderas junto a las tropas, las llamadas soldaderas. En sus moradas, trabajaban para complementas la producción pecuaria o para alimentar a su familia.

En la producción textil la mujer hilaba la lana para hacer ponchos y chiripás, telas de lino producido en sus tierras, hilado y tejido en su casa.

La mujer ha desarrollado actividades de administración del hogar, y de los bienes. Participó activamente de la administración de las haciendas y trabajo directamente el siembra, en la cosecha e indirectamente en la costura, tejido y la cocina. La libertad en el uso de su cuerpo y la desobediencia a los preceptos de la moral cristiana pueden ser entendidas como respuestas de la mujer frente a un contexto en que era numéricamente inferior y culturalmente subordinada.


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