La primera organización que las
mujeres administramos es el hogar, verificamos que las tareas se realicen y que
el dinero alcance para todo. Somos directoras de la casa y aplicamos esas
habilidades a las empresas, de manera creativa.
Tienemos estilos diferentes
de operar, dirigir y administrar, somos más cuidadosas con los recursos y con el patrimonio, podemos adaptar, mejorar y
asumir riesgos compartidos. Somos más asertivas comunicando ideas, hacemos muchas tareas al mismo tiempo.
En términos de negocios somos conciliadoras y
menos agresivas, consideramos mucho
más el recursos humano, lo que contribuye a integrar equipos y a mantener un
buen clima laboral.
Las mujeres favorecemos el diálogo, la
tolerancia, el trabajo en equipo y un ambiente positivo. Además, al momento de
tomar decisiones empleamos la cabeza, pero también el corazón.
Estos factores, sumados a las
características de liderazgo de cada directiva, provocan que “cuando las
mujeres ocupan puestos de dirección dentro de una empresa, se incrementa hasta
42% las ventas y 66% la rapidez de retorno del capital invertido”, según
detallan cifras de la American Chamber de México.
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